“Si seguía con él, sería por algo…”

 

La realidad tiene esa extraña cualidad que hace que si no sabemos de algo durante un tiempo, “eso” deja de existir. En este “in pass” entre que asesinaron a una mujer por violencia machista y la siguiente que matarán, quiero hablar de la violencia de género.

En concreto, quería hacer referencia a un comentario que me enerva y me cabrea mucho… y es el siguiente:

…pues si seguía con él sería por algo…”

Se asume por una parte de la población (hombres y mujeres) que si una mujer es sistemáticamente golpeada física, emocional y psicológicamente, durante un determinado tiempo, y no hace nada por escapar de esa situación, solo puede ser, obviamente, por 3 razones. A saber…
A) Le gusta.
B) Es tonta.
C) Le gusta y es tonta.

Cuanta sabiduría concentrada…

La realidad, como intuiréis aquellos que estáis leyendo esto, y a los que presupongo un mínimo de lucidez, es que la cuestión es mucho más compleja. Y macabra, dicho sea de paso.

En este post me referiré únicamente a la violencia ejercida por el hombre hacia la mujer, dada su extrema gravedad. Sin embargo, parte de los procesos psicológicos que se dan durante el maltrato machista son extrapolables al maltrato de la mujer sobre el hombre (sí, existe y hablaremos de ello otro día).

Ocurren varias cosas cuando una mujer es maltratada.

Por un lado tenemos un fenómeno que se denomina “indefensión aprendida”. Básicamente es un estado psicológico de abatimiento y desamparo que invade a la persona aún habiendo una salida para escapar de dicha situación. Esto se produce cuando la persona (o animal) se percibe como incapaz de prever las consecuencias de sus actos o la de los demás. Vamos a explicarlo un poco mejor…

Los científicos se percataron de esto al experimentar con animales, en este caso, perros.
El experimento consistía, básicamente, en aplicar descargas eléctricas de baja intensidad a perros metidos en jaulas (tranquilos, no los freían), las cuales estaban abiertas por arriba y con posibilidad de escape. En la primera fase del experimento, las descargas eran precedidas de una señal, por lo que el perro aprendía rapidito que cuando se apagaba una luz, tenía unos segundos para salir de ahí antes del “picotazo”. Esta secuencia se repitió durante unos días. La siguiente fase del experimento consistió en aplicar la descarga de forma aleatoria, con y sin señalarla previamente. Algunas veces se apagaba la luz antes del calambre, pero otras no. Los perros no conseguían prever lo que iba a pasar.
La consecuencia de esta segunda fase fue que los perros se quedaban sin hacer nada, simplemente se tumbaban a esperar la descarga. ¡A pesar de tener el techo descubierto y poder escapar cuando quisieran!

Posteriormente se replicaron estos experimentos en humanos, sustituyendo las descargas por ruidos a gran volumen y las jaulas por habitaciones. Los resultados fueron alarmantemente similares. Al igual que en los perros, 2 de cada 3 sujetos sucumbían a la indefensión aprendida, o sea, que se quedaban a esperar el bocinazo sin hacer nada por escapar de él. El otro 1 seguía peleando por descubrir un patrón y conseguir salir de la situación.

Por desgracia, algunas personas se percataron de que este fenómeno podía ser útil para sus intereses. La indefensión aprendida se ha usado, y se usa, en situaciones de guerra, por ejemplo para destrozar psicológicamente a una población sometida a un bombardeo. Si un ejercito, antes de un ataque a una ciudad, señala su intención, mediante disparos, para que la gente se prepare, y posteriormente les cambias el patrón, las personas que están siendo atacadas acaban bajo un estado emocional que se podría traducir en un “da igual lo que haga, mejor me quedo quito y ya está”. Pero no es solo un pensamiento, es un estado anímico y fisiológico. Quedan anulados.

El mismo proceso se da en interrogatorios, torturas… y en la violencia de género.

Una de las obsesiones de las mujeres que viven sometidas a violencia doméstica es intentar prever cuándo van a recibir un ataque. Si llega el punto que perciben que no tienen el control, que hagan lo que hagan van a recibir una paliza, caen en la indefensión aprendida.

Pongamos el ejemplo, de un caso real, en el que la mujer se esmera para que su marido, cuando llegue a casa, lo encuentre todo perfecto, para evitar represalias. La cena perfecta, el ambiente perfecto, los niños tranquilos… y durante un tiempo, el marido se muestra agradable y cariñoso. Pero un día, habiendo hecho exactamente lo mismo que todos los días, el marido decide que la sopa no tiene la temperatura adecuada. Y le critica que él se esfuerza en el trabajo para traer dinero a casa. Y que cuando llega, lo mínimo que pide es que la cena esté en condiciones. Y ese es el principio de una paliza.

Pero, alguno podría pensar… “bueno, pues que pida ayuda, que se separe, que le denuncie…”
Si antes no ha caído en la indefensión aprendida, cabe recordar que llegado cierto punto, el marido ha conseguido aislar a su víctima de todos sus seres queridos. Hace tiempo que le ha prohibido ver a su familia y amigos, por lo que se encuentra sola. Además, está sometida a amenazas, que, y en el caso de tener hijos, son el foco del chantaje (“un día cojo a tu hija y hago una locura”…)

La indefensión aprendida forma parte de un proceso más amplio, que se llama “el ciclo de la violencia de género” descrito a principio de los años 80 por Leonore E. Walker. Y es el siguiente.

La Fase 1 es la “acumulación de tensión”. Consiste en un escenario en el que, dentro de la pareja, se producen pequeñas tensiones, que poco a poco van en aumento. Son pequeñas cosas…
“¿Por qué has hablado con ese?”
“Tu madre me ha hablado mal…”
“No me hables así delante de mis amigos…”.

Son tensiones, que la mujer, para no entrar en una discusión más fuerte, y porque esto sucede en un momento en el que están muy enamorados, y todo problema se minimiza, la mujer, decía, acata y cede.

Las tensiones se acumulan, y en una de estas…”hop!”, pasan a la fase 2.

La fase 2 es la “explosión de la violencia”. En un primer ciclo (sí, porque los ciclos se repiten…) la violencia puede ser de baja intensidad. Unos gritos, una amenaza, un “levantar la mano”. En ciclos más avanzados, como os podréis imaginar, la violencia puede ser mucho más virulenta.

La Fase 3 es, paradójicamente, la que más daño hace a largo plazo. Es “la luna de miel”. El agresor se arrepiente. Pide perdón, le declara su amor incondicional y le promete que nunca nunca nunca más le volverá a hacer nada parecido. Y la mujer acaba por perdonarle. Porque están enamorados. Y porque el amor supone sufrir a veces. Y porque muchas mujeres, especialmente adolescentes, han aprendido que eso es el amor.

Este ciclo se repite una y otra vez, cada vez con una intensidad mayor.

Voy acabando aquí, ya que este tema tiene infinidad de derivadas.

Solo una última reflexión. Si cogemos una película “romántica”, así al azar, podremos ver como este ciclo tan aberrante se interpreta en Hollywood como muestra de verdadero amor romántico.

Nadie nos explica qué es el amor. Del sexo aprendemos en el cole la parte fisiológica y poco más. La educación emocional de todos nosotros, y especialmente de niños y adolescentes, está en manos de…(redoble de tambor….) Sí!!! La TV e internet!

Nos lo tenemos que hacer mirar…

Dejó aquí un video (el primer video de producción propia, pa lo bueno y pa lo malo:) y otro de un fantástico cortometraje sobre cómo, desde la infancia, se inculca la cultura machista, y cómo esta influye en la violencia de género. Y en el asesinato.

Espero haber ayudado a esclarecer ciertos aspectos de este nefasto fenómeno.

Saludos!

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