De patrias, hombres y otras bestias: Esquemas cognitivos.

Hablemos de España y Catalunya. ¿Por qué en un blog de psicología se habla de esto? (“Me encanta que me hagas esa pregunta” – “No hay de qué”) Bajo mi punto de vista, personal e intransferible, las posturas, sean las que sean, se están polarizando. Esto sucede en todo conflicto. La psicología social y de grupos lo explican muy bien, y animo a leer sobre ello para entender cómo los políticos, a veces, parecen llevarnos cual peleles. Pero en este momento me gustaría poner el foco en cómo las personas nos podemos obcecar tanto en una creencia y cómo, a pesar que desde fuera nos la puedan rebatir, ya sea con razonamientos lógicos o apelaciones emocionales, la creencia sobre algo en concreto puede seguir impermeable o inclusión salir reforzada.

¿Por qué es tan difícil, ya no hacer cambiar de opinión a alguien, si no, simplemente, conseguir que se replantee ciertos asuntos?

Pongamos un ejemplo. Hipotético.

David es un hombre que ha pasado los 60. Querido por vecinos, afable en el trato, cariñoso. Un día, David, que vive en la Ciudad A, escucha en las noticias que en la Ciudad B han decidido pintar todos los edificios de Amarillo Él, gran amante del Azul de toda la vida, recibe la noticia con estupor y rabia. De repente, la persona tranquila y cariñosa, se convierte en una especie de animal irracional. Y como él, muchos.

Mientras, Oscar, sesentón, de Ciudad B, persona querida por vecinos, afable en el trato, cariñoso, y al que le chifla el Amarillo, no entiende la reacción hostil de sus vecinos de Ciudad A. Decide que, por sus santas narices, pintará a las personas de  Amarillo si hace falta. Oscar se convierte en una especie de animal irracional.

Analicemos esta situación, hipotética, bajo el Modelo Cognitivo Genérico (MCG). En psicología este modelo tiene una gran relevancia, ya que desde él se entienden y tratan multitud de psicopatologías. Pero también sirve para explicar muchos otros procesos que, aun no siendo desadaptativos del todo (que resumiendo mucho es lo que diferencia el tener o no una psicopatología) pueden ser desagradables.

Cogeremos del MCG aquello que nos interesa para explicar los casos de Oscar y David.

¿Cómo llegamos a ciertas conclusiones? Todo parte de un estímulo, externo o interno. En nuestro ejemplo es externo y puede ser visual o auditivo o de cualquiera de nuestros sentidos. El paso inmediato a la percepción del estímulo es el foco atencional. Esto es, de todo el estímulo ¿A qué se decide, habitualmente de forma automática e inconsciente, prestar más o menos, toda o ninguna, atención (¿nos fijamos en que los pisos son Amarillos o en que los que los que pintan son personas como nosotros?). Y en este punto, se ponen en funcionamiento lo que llamamos “ESQUEMAS”.

Los esquemas nos facilitan la vida, nos ayudan a tomar decisiones de forma rápida, aunque no necesariamente eficaz.

En psicología, los esquemas son “estructuras cognitivas complejas que procesan los estímulos, proporcionan significados y activan sistemas psicobiológicos relacionados”.

Los esquemas mentales se forman poco a poco, a base de experiencias, de la cultura en el que vive la persona y son moldeados por nuestras propias características biológicas. Y suelen ser resistentes al cambio, ya que nos jugamos la comprensión que del mundo tenemos…

Simplificando, nos facilitan la vida, nos ayudan a tomar decisiones de forma rápida, aunque no necesariamente eficaz. Cuando nos encontramos ante dilemas del día a día, por ejemplo, la comida que tenemos que preparar (esto sería un estímulo interno, el hambre) en función de “x” variables (tiempo, despensa, habilidades…), los esquemas nos ayudan a tomar la decisión de forma casi automática. No podemos estar días sopesando todas las posibles combinaciones de variables. Hay hambre…

También los usamos en nuestras interacciones sociales. Si apreciamos, por ejemplo, que un grupo de personas quiere hacer algo con lo que no estamos de acuerdo, inmediatamente se ponen en marcha nuestros esquemas mentales. Es como un juego de esos en los que tiras una bola en un laberinto vertical. Dependiendo de dónde tires la bola (foco atencional), es más probable que caiga en un sitio o en otro. Es lo que también llamamos sesgos.

Visión de pintura amarilla, malestar por el amarillo, la gente que pinta de amarillo me produce malestar, la gente que pinta amarillo es mala, conducta manifiesta de hostilidad hacia la gente que pinta o es amarilla. Esto es un proceso que, ayudado por el empuje de las emociones negativas, se retroalimenta,

Esta reacción, a su vez, tiene su resonancia en la gente pro-amarillo, que repite el mismo patrón. De esta forma, la hostilidad crece en ambos bandos, y el diálogo se hace imposible.

Pero imaginemos que alguien, no necesariamente del bando Azul o Amarillo, pongamos un Verde, intenta razonar con alguno de los dos para que estos entiendan la postura del contrario. Aquí se pone interesante… Pueden pasar varias cosas, pero me centraré en una.

Ante la presentación del estímulo desde un enfoque distinto al que nosotros tenemos, y ante la constatación de que puede, solo puede, que no tengamos tanta razón como creíamos, algo que ataca directamente al concepto que tenemos de nosotros mismos (yo no me puedo equivocar!!!), aparecen unas emociones un tanto molestas, como pueden ser la vergüenza, la inseguridad, la culpa, el remordimiento… Este último párrafo, explicado de forma muy general, es lo que llamamos, “disonancia cognitiva”.

Esta disonancia, nos es desagradable y por norma general tratamos de quitárnosla de encima. ¿Cómo? En nuestro ejemplo, puede ser volviendo a poner el foco dónde nosotros queremos, acusar al de color verde de partidista, quitar credibilidad al verde, centrarnos únicamente en las bondades del azul, y en las maldades del amarillo y expresarlo de forma compulsiva… Aquellas personas que defienden de forma obcecada y vehemente una postura, no siempre o no solo es por una cuestión de ideales, si no también para resolver el malestar que sienten, la disonancia cognitiva. Por eso, normalmente, cuando intentamos hacer cambiar de opinión a alguien, nos encontramos con que no solo no hemos conseguido modificarla, si no que se ha enrocado más.

La disonancia cognitiva es un mecanismo que nos avisa de que estamos siendo incongruentes. Es el resultado de la diferencia entre lo que creemos ser y lo que nuestra conducta nos dice que somos. Es muy difícil ser siempre coherentes con nosotros mismos. Todos nos equivocamos. La reacción más habitual para resolver la disonancia cognitiva suele ser el ataque o la defensa. Pero también podemos ser honestos con nosotros mismos. Saber rectificar. Pedir perdón.

¿Cómo podemos corregir las consecuencias de tener unos esquemas mentales rígidos? Lamentablemente, en los adultos es difícil de modificar. Cuando alguien tiene una idea preconcebida sobre un tema es difícil hacerle cambiar de opinión. Ayuda el ser reflexivo, tener capacidad de introspección. La única solución pasa por, como siempre, y ante casi todo, la educación de nuestros hijos. Desde pequeños. En la educación del pensamiento crítico y en el respeto por las ideas de los demás. Enseñando a pensar.

Esto está explicado de forma general para un caso muy concreto. De cada uno de estos conceptos que he mencionado aquí, se podrían hacer multitud de blogs dedicados exclusivamente a ellos!!! El tema es complejo, pero espero haber aclarado algo…

Saludos y hasta la próxima!

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